De la «no» historia

Por: Jenny Milanés

Alborea en 2 de febrero y acá en España los ateos se preparan para un puente festivo; los cubanos -en su mayoría- para cortarse el cabello, los católicos para aclamar a Nuestra Madre, y los políticos… bueno, estos últimos no necesitan una fecha particular del año para hacer lo que les viene en gana.

Tomaba un café entretanto me preguntaba en qué momento pasamos de la plena posesión de una identidad a la pseudohistoria, olvidando que el cambio inconsecuente deshace la tradición y que, si no hay tradición, se pierde la esencia, para dar lugar a las turbas de carneros que se arrastran por la moda. Con esto en mente, me pareció cuando menos respetable ofrecer unas líneas a tan importante, pero intencionalmente desatendido tema: La tradición en la historia.

Hace algo más de 2020 años -según datos recogidos del libro más traducido y estudiado por la humanidad- una madre entraba con su recién nacido a un templo, para proceder a su propia purificación, así como a la presentación del primogénito, cual era tradición (Sagradas Escrituras Lc 2:22-39). Lo extraordinario de tan ordinario acontecimiento radicó en que la mujer era Madre y Virgen, mientras que el neonato era nada menos que el Salvador del mundo. Esta misma Virgen y Madre proclamada, prometió a Santiago −uno de los doce Apóstoles de su hijo Jesús, el Cristo− que le ayudaría a evangelizar a la humanidad, sucediendo a esto numerosas apariciones de la misma a lo largo y ancho del planeta. Por lo cual, los habitantes de cada lugar las nombraban de acorde al contexto y momento histórico: Virgen del Pilar, Lourdes, Caridad del Cobre, Guadalupe, Carmelo, Socorro, Fátima, y las tantas más advocaciones de la única Santísima Virgen María.

Alrededor de 1392 tuvo lugar una de sus apariciones en las hermosas Islas Canarias, específicamente en la isla de Tenerife. Más tarde en el 1497, se celebró su primera fiesta -a título de Virgen María de la Candelaria- cayendo un 2 de febrero, en la Fiesta de la Purificación de la Virgen −hecho antes comentado y afirmado en la Biblia-. La Candelaria fue llevada por los españoles a tierras cubanas. Felizmente, lleva este mismo nombre la única iglesia católica en mi pueblecito de crianza, donde mi hijo y yo fuimos bautizados; y, por usanza inveterada, esperamos hasta cada 2 de febrero para cortarnos el cabello, pidiendo que la Virgen de Candelaria lo fortalezca y que crezca abundantemente. Pequeña pero hermosa usanza que nos legaron nuestros bisabuelos canarios, la cual evoca la rica historia detrás de tal práctica −despiadadamente arrebatada a los niños y adolescentes de hoy-.

Un ejemplo de la eficacia de la historia no amputada es lo muy conocido que son los crímenes de Hitler; este psicópata cuenta con su propio museo, el cual, por décadas, se ha utilizado para recordar sus atrocidades. De la misma manera, cuando mi hermosa tierra sea libre, se habrá de tratar el lugar donde se encuentra el cadáver incinerado de uno de los dictadores más sanguinarios del occidente: Fidel Castro; dejando al alcance de todos los caminantes, la verdadera historia de muerte y pobreza que nos legó este cruel embustero de una “revolución” totalmente involutiva. Así jamás una generación de cubanos volverá a caer en las garras del comunismo, que por décadas ha arrasado con cualquier virtud y sana costumbre de los cubanos, para implantar la ideología de la incompetencia, ignorancia y desfachatez.

El hombre sin tradición está destinado a perder su individualidad; sin historia, se convierte en un esclavo de las imposiciones del gobierno de turno −ese que, sin ti, no puede existir pero, contigo, se convierte en la dictadura más cruel, gracias a tu mediocridad y desfallecimiento-. Si permites que te borren la historia, por dura que sea, estarás condenando a tu descendencia a caer en los mismos errores; los jóvenes quedarán expuestos al peligro de servir como idiotas útiles, porque el vacío abarcará todo y el detrimento social será inminente. O ¿por qué crees que ya nadie sabe qué pensar de Franco…?

Feliz 2 de febrero: Día de la Candelaria, patrona de Tenerife!

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